Ponen sus requisitos y exigencias en la Web para elegir a sus candidatos. Incluso, hasta suben fotos familiares. Muchas no sabían ni usar la computadora, pero aprendieron a "chatear" para combatir la soledad.

ACOMPAÑADA. MIRIAM ES VIUDA, TIENE 50 AÑOS Y TRES HIJAS. CUENTA SU HISTORIA PERO NO MUESTRA LA CARA "POR PREJUICIOS".
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Independiente y maternal/ fiel/compinche/no invasora/apasionada/comprensiva/ Barbie pero con neurona (única pero funciona). Lavo, cocino y aguanto fútbol sin chistar. ¿Qué estás esperando?". La que tipea es una mujer de 52 años en busca de un hombre. Como ella, cada vez son más las que suben a los sitios Web su estrategia de marketing personal y su foto: a veces, tomas familiares con las caras de sus hijos esfumadas. Antes, eran mujeres que se encerraban a rumiar su separación o su viudez. Hoy, son madres de más de 50, viudas, solteras y divorciadas que piden revancha: se animan a las "citas a ciegas" por Internet.

Revolearon la estampita cansadas de esperar que San Antonio les baje un novio, cambiaron sus nombres por "nicknames" y volvieron al ruedo: "Son cada vez más las mujeres de 50 que participan tanto en la búsqueda de pareja como en la de un marco social en donde sentirse identificadas", explica a Clarín Mónica Sznaider, directora de encontrarse.com. Pedro Irigoyen, de tebusco.com, lo confirma: de las 59 mil mujeres registradas, 13 mil tienen entre 40 y 50 años y 9 mil más de 50. Antes, muchas apenas sabían usar la computadora.

En estos portales, algunos pagos, otros gratuitos, tipean su oferta: "Busco el amor en ballottage, 54 años, mujer, buscando hombres", escribió una. También ponen cuánto miden, pesan y ganan por mes, qué religión practican, si aún viven con sus hijos, si fuman...

La búsqueda en los sitios Web filtra candidatos según sus exigencias: hay quienes buscan amistad, relaciones serias, citas casuales o matrimonio. De acuerdo a la jerga propia de cada sitio, cuando hay coincidencias, les mandan un "guiño" y la charla sigue en un reservado virtual. Luego, la cita.

Miriam tiene 50 años, tres hijas y un cáncer cruel la dejó viuda hace cinco. "Nunca me imaginé chateando porque yo misma tenía prejuicios. Pero encontré una manera de sentirme acompañada", cuenta a Clarín. Y agrega: "Creo que de alguna forma la gente se tiene que conocer. Esta es una vía nueva para la gente grande sin pareja que se siente desubicada saliendo a bailar".

Miriam —una docente jubilada que prefiere ocultar su cara, su apellido y su nick por temor a esos prejuicios— admite que la búsqueda no es la misma que a los 20: "No me interesa convivir ni tener hijos", sostiene.

La psicoanalista Stella Maris Rivadero lo explica: "Entre los 20 y los 30 se buscan relaciones estables porque pretendemos que él sea el padre de nuestros hijos. A los 50 hay más urgencia por encontrar una pareja, pero un compromiso implica concesiones y la mujer de 50 está menos dispuesta a renunciar a sus logros familiares y laborales. Por eso apunta más a una relación placentera aunque sea efímera".

En el mes y medio que hace que busca pareja en la Web, Miriam concretó 10 encuentros, o "citas a ciegas". Allí, en el t¬te à t¬te, develó si su candidato virtual acusaba en persona 30 kilos más o el pelo bastante menos tupido que en las fotos. La mayoría de esos encuentros empezaron y terminaron con el mismo café. ¿Recaudos? La primera vez siempre es de local, en un lugar público y nadie da su teléfono fijo.

"Antes creía que por tener 50 años nadie se iba a fijar en mí. Estos encuentros me levantan la autoestima. Yo volví a arreglarme para salir", relata Miriam.

Desde los libros, Rivadero lo explica: "Los 50 impactan en la imagen de la mujer por los cambios que sufre el cuerpo y por los nidos vacíos. Internet juega con el misterio y permite un ingreso por otra vía que está lejos de lo que entra sólo por los ojos".

Graciela es docente y también tiene 50 años. Cuando se separó, hace cinco, pedía ayuda hasta para encender una computadora. Tal vez nunca pensó que un espacio que le era tan hostil iba a acabar siendo un lugar para volver a pensar en un "compañero de ruta", cuenta a Clarín.

Perdió la cuenta. En los cuatro años que hace que navega páginas y líneas telefónicas de encuentros, concretó unas 50 citas: a veces dos en el mismo día. ¿Qué encontró? "Un grupo de pertenencia. Acá no hay gente que está de última. Hay personas como uno, que sufren de soledad y que quieren llenar un vacío". Ante la mirada de su madre, la mayor de sus hijas, de 25, opina: "Es raro ver a tu mamá como una adolescente. Tu propio egoísmo hace que la quieras ver cocinando, lavando, mirando la novela: la clave está en dejar de verla sólo como mamá y empezar a verla como mujer".

Cade Natalia